El monje alquimista

Austria, en el siglo XVII, Benzer Zieler un monje agustino, hace amistad con otro monje anciano en el monasterio donde brindan sus servicios. El anciano le cuenta que conservaba un antiguo cofre que había desenterrado de la falda del monte Grosslogner que, según sus historias, había sido enterrado por nobles que eran perseguidos en la era de Carlo Magno.

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Los Polvos Mágicos

Dentro del cofre había 4 probetas con unos polvos rojizos y un papel con jeroglíficos. Pero por pura curiosidad, le dio por ablandar ese polvo con un poco de agua y luego con la pasta formada, embadurnó un plato de metal. Lo llevó al horno donde los monjes hacían pan. Al sacarlo, se dio cuenta de que solo había una placa oscura y rígida.

Junto a Zieler, trataron de separarla por varias horas, hasta que, por fin al despegarla, vieron con asombro que esa parte del plato que había sido embadurnada, brillaba con áureo resplandor. Analizando ese polvo restante de la probeta, determinaron que se trataba de: “polvos de la piedra filosofal” cuyas propiedades se usaba para transformar vil metal en oro.

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Y Zieler se llevó los polvos

El anciano falleció y Zieler se llevó entonces las pertenencias de este, asociándose entonces con un orfebre llamado Francis Pairhousen, con quien explotó ese polvo y rápidamente crearon fama.

Es entonces cuando, al transformar un trozo de latón en oro, el conde Peter von Par, quien, como consejero de Leopoldo I de Alemania, luego amenazándolos, les obligo a cederle parte de ese polvo, pero falleció pocos días después. Entonces el propio Leopoldo I apadrinó a Zieler para sus experimentos de alquimia y le confirió título de nobleza Von Rightburg.

La última vez que se supo de aquellos polvos, fue en la segunda guerra mundial, cuando se encontró en el museo histórico de Viena, un medallón de plata que se le transformó en oro una parte oxidada. En 1993, todo el mito de la piedra filosofal, se dio a conocer que se había encontrado un papiro con jeroglíficos en ruinas del antiguo Egipto y fue entonces

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